Avances científicos para el tratamiento de cáncer ocular

Profesionales de la UNQ, el Hospital Garrahan e investigadores del Conicet, desarrollaron un biomarcador CRX que posibilita atacar con mayor precisión los casos de metástasis del tumor, que tiene uno de los índices más bajos de curación

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Daniel Alonso, de la UNQ, fue galardonado con el premio Sol de Oro 2013

El descubrimiento de un nuevo biomarcador molecular que permite detectar mínimas cantidades de células tumorales del retinoblastoma, el cáncer ocular más frecuente en la infancia, tiene muy orgullosos a los investigadores de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

Los científicos que integran el Laboratorio de Oncología Molecular, en conjunto con el Hospital Garrahan e investigadores del Conicet, desarrollaron un biomarcador CRX que posibilita atacar con mayor precisión los casos de metástasis del tumor, que tiene uno de los índices más bajos de curación en el mundo.  Se trata de un nuevo biomarcador para detectar células tumorales del retinoblastoma por fuera del ojo.

La técnica, que permite dirigir más específicamente los tratamientos en sus formas más graves, es el resultado de un trabajo de más de 7 años y ya comenzó a usarse en otros centros de salud del mundo. El descubrimiento beneficia, sobre todo, a los países menos desarrollados en medicina oncológica.

Cambia la forma de tratar los casos de retinoblastoma en los niños una vez que el tumor ya está avanzado.  Guillermo Chantada, quien lideró el equipo y es director del Instituto de Investigación del Hospital Garrahan y especialista en retinoblastoma, explicó que “un biomarcador es un indicador que permite detectar en forma muy precisa células tumorales en la sangre, médula ósea o líquido cefalorraquídeo a escala mínima. En este caso puede detectar 1 en 1.000.000; mientras que antes del descubrimiento la célula tumoral específica del ojo sólo podía detectarse en una proporción mucho menor, cuando el tumor estaba muy avanzado para lograr una cura”.

Para identificar este nuevo biomarcador el equipo trabajó con técnicas de biología molecular, específicamente con una herramienta denominada PCR que permite la amplificación de marcas moleculares como el ADN o RNA para detectar con alta precisión pequeñas cantidades de células.  Hasta ahora la expansión y metástasis del retinoblastoma en el resto del cuerpo sólo podía detectarse cuando el tumor ya estaba muy avanzado.

En ese caso, el tratamiento era tan agresivo que requería, finalmente, de tratamientos intensos, como por ejemplo un trasplante autólogo de médula ósea. Y aún así, en el 80 por ciento de los casos el cáncer reaparece: no logra curarse su incidencia en el sistema nervioso central, que es el sitio donde hace metástasis este tipo de tumor, a través de la conexión entre el ojo y el cerebro mediante el nervio óptico.

“El mayor problema es el diagnóstico tardío, porque es una enfermedad altísimamente curable si se detecta tempranamente: en Argentina se cura el 95 por ciento de los chicos pero en otros países menos desarrollados se cura solo el 30 por ciento, ya que se detecta cuando la enfermedad no es curable y por eso estamos tratando de brindar una esperanza a estos niños”, informó Chantada. En el Garrahan se tratan la mayoría de los casos de retinoblastoma del país y también de países limítrofes.

El contar con este biomarcador posibilita diseñar una nueva estrategia de cura al constatar tempranamente el avance del cáncer por fuera del globo ocular. La estrategia consiste en intensificar el tratamiento en el sistema nervioso mediante una novedosa combinación de quimioterapia por distintas vías de aplicación. La nueva técnica radica en aplicar quimioterapia por tres vías: una dosis muy alta por la arteria para tratar el nervio óptico; una dosis directa al cerebro y otra dosis por vena para combatir la diseminación en la médula ósea.

“La gran diferencia es que antes no llegábamos al sistema nervioso y el cáncer siempre volvía, por más que se limpiara la médula y se trasplantara aparecía de nuevo en el cerebro”, explicó Ana Torbidoni, investigadora asistente del Conicet, y agregó: “ahora nos estamos adelantando, anticipando a la gravedad de la enfermedad, diciendo: bueno, tiene células diseminadas, qué hacemos”. El gran mérito del biomarcador se basa en la detección por parte de las investigadoras de una célula única en el ojo: “encontrarla en otra parte del cuerpo quiere decir que algo va mal, como si encontraras en una cocina un elemento que sabés que va en el baño”.

Por su parte, Daniel Alonso, jefe del Laboratorio de Oncología Molecular de la UNQ, destacó que “la idea era capitalizar estas técnicas moleculares que trabajamos en la Universidad para enfermedades pediátricas” y afirmó: “esto es un fenómeno de transferencia de recurso humano y de conocimiento. Estamos orgullosos de entrenar profesionales y desarrollar técnicas para que después se utilicen a favor de los pacientes. Se habla tanto de la medicina traslacional y esto es un ejemplo de lo que significa”.  La incidencia del retinoblastoma es de 1 caso cada 17 mil nacidos vivos, lo que significa unos 8 mil casos nuevos al año en el mundo. Casi la mitad de estos niños muere por la enfermedad, hecho que sucede sobre todo en países en desarrollo. En Argentina, cada año se detectan entre 40 y 45 nuevos casos y el porcentaje de curación en el Hospital Garrahan alcanza el 95 por ciento, un porcentaje similar al de los mejores centros de salud del mundo.  El estudio

La original investigación se llama Association of Cone-RodHomeoboxTranscription Factor Messenger RNA WithPediatricMetastatic Retinoblastoma y fue publicada en la prestigiosa revista científica JAMA Ophthalmology.  El estudio fue realizado por un grupo multidisciplinario de profesionales del Hospital Garrahan, investigadores del Conicet y de la UNQ, con el apoyo del Instituto Nacional del Cáncer y de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia y Tecnología, a través de un subsidio denominado PAE, que permitió el desarrollo del biomarcador. También se contó con el apoyo de la FundforOphthalmicKnowledge de Nueva York, a través de la Fundación Natalí Dafne Flexer.  En la investigación participaron los siguientes profesionales: Ana Torbidoni, Viviana Laurent, Daniela Ottaviani, Cristina Alonso, Jorge Rossi, Claudia Sampor, Valeria Vázquez, María TG de Dávila, Mariano Gabri, Adriana Fandiño, Daniel Alonso y Guillermo Chantada.

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Acerca de eleansar

Me gusta escribir mucho, me la paso creando nuevas historias, no me gusta el calor y adoro los dias lluviosos y frós. Me quisiera ir a vivir a un pueblecito de los Pirineos y espero algun dia hacerlo

Publicado el 13 agosto, 2015 en Avances para Médicina. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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